Fisterra, allí donde se muere el sol.

Quizás cuando uno llega a Fisterra, dedique todo el tiempo a ver su cabo, su faro, y a pasear por el centro de la villa. Es ahí, cerca de la lonja, donde está situado en el castillo de san Carlos de Fisterra, uno de los baluartes defensivos de la Costa da Morte que se construyeron en el siglo XVIII para protegerse de los corsarios ingleses y franceses. Dentro del edificio se encuentra el Museo da Pesca. Su visita es muy amena, especialmente si la guía Manuel López Martín, Manolo o do Corno. Un buzo fisterrán que ahora se encarga de contar anécdotas divertidas. En el medio de la única estancia, Manolo con verdadera pasión y sin dar datos aburridos, arranca la explicación, y bajo mi punto de vista, añadiendo algo de intriga teatral.

Empieza invitando a los visitantes a ver las fotos de la sala, no muchas la verdad, pero que da cuenta de la importancia de la pesca en toda la Costa da Morte, y especialmente el vínculo de la zona con empresas balleneras. Para entrar en harina (de pescado) nos larga la primera pregunta sobre si hemos oído que algún paraguas o corsé de señora, tenga dentro una ballena. Como la respuesta es dubitativa, con una risa de compadreo lo aclara. Ya cambia de tercio y nos señala unas diez o doce nasas, de diferentes tamaños y usos. Unas utilizadas para capturar  langostas, que con orgullo indicaba que las pescadas en esta aguas se exportaban a Francia; otras para centollas, y dejando para el final las propias del pulpo. Aquí es donde coge ritmo y empieza su batería de preguntas. Hay que estar atento y ágil para responder. Se dirige al respetable y formula que sí sabemos por qué si la nasa tiene una boca por donde entra el pulpo…, el cefalópodo no se escapa por la misma vía (desmontado  la creencia de que el pulpo ” no puede”, sino que según él, es que “no quiere”). También aclara porqué las antiguas tenían un pincho y las actuales, a raíz de la idea que tuvo antaño un pescador, tienen una especie de red donde se mete la carnada. A mitad de la visita, aparece el punto álgido. Con un caracola marina, o cuerno de mar, en su mano derecha nos explica qué significado tenía para los marineros de la zona especialmente cuando la niebla cubría de forma espesa el litoral de esta Costa da Morte. Su sonido nos recuerda que la profesión de marino es una de las más duras que tenemos en Galicia. Y como si fuésemos estudiantes de un máster en pesca, nos enseña las diferencias entre el tipo del lastre que les pone para que no floten, según sean las que irán a un fondo arenoso o aquellas destinadas a acabar sobre las rocas. También nos descubre, ya con pena pues intuye que desaparecerá, cómo es el arte de pesca o xeito, y por qué la sardina que capturan sus redes es más sabrosa que otras. Y como no podía ser de otra manera, nos invita a acabar el refrán de, polo san Xoan a sardiña molla o pan. Manolo acaba esta classis magister con un ruego hacia mi para que no desvele las respuestas. Su retranca me convence: “Que deixen os dous euros da entrada que paga a pena”. Ya saben, la solución en Fisterra. A golpe de cuerno.

Diferentes tipos de nasas

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